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El riesgo es como sentarse al volante

 

Durante una etapa de mi vida profesional tuve que dar clases de análisis de riesgos bancarios a gestores comerciales. Eran unas cuantas horas en las que se intentaban dos cosas: Primero que se les quitara el “miedo o aversión” no el respeto al “riesgo” y que supieran analizarlo al menos de forma que no se presentaran operaciones descabelladas. No sé si conseguí al 100% los objetivos, pero creo se avanzó bastante.

¿Cómo se quitaba el miedo o aversión al riesgo? Lo primero era inculcar a los presentes algo que es de primero de riesgos: El riesgo es de quien lo propone.

No es una responsabilidad de otros, aunque en determinados volúmenes lógicamente se comparte y es gradual, a más riesgo, más personas lo analizan. Para ello mi charla se iniciaba con una pregunta al auditorio:

¿Cuántos de los presentes saben conducir? 

La respuesta era mayoritariamente positiva. A continuación, empezaba a desgranar lo que ello supone.

Para saber conducir hay que saber coordinar pies y manos. Hay mucha gente incapaz de bailar, pero armonizar dos pies -con dos o tres pedales- con las dos manos, todos los conductores saben hacerlo (hasta los más torpes con perdón). Hay que poner las manos en el volante, si no es automático, soltar una mano para meter las marchas, pero ojo que en ocasiones coincide con poner intermitentes o cambio de luces. Mientras tanto hay que tener la mirada atenta al frente, pero mirando eventualmente por los retrovisores (tres) y asimilando la cantidad de mensajes que llegan de fuera:

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Señales de tráfico,

Líneas en la carretera,

Semáforos,

Otros vehículos.

 

Simultáneamente podemos estar sintonizando la radio o buscando música, por no decir los fumadores que combinan pitillo, que ocupa una mano, con lo anterior expuesto.

La existencia de más viajeros complica la situación con conversaciones y no digamos si estos son niños. Podíamos seguir con las rutinas que hacemos al conducir y que casi todas ellas las interiorizamos como algo mecánico.

Tras esta breve introducción los asistentes empezaban a entender o al menos a quitarse el miedo respecto al riesgo financiero.

Si sabían conducir, que cuando empiezas te parece un mundo, el tema de riesgos también lo podrán asimilar.

Lo importante es conocerlo y, a ser posible, ser capaz de evaluarlo. Siguiendo con el símil automovilístico también les insistía que no hay buen conductor que no haya tenido un accidente en su vida. Si te dicen que no lo han tenido generalmente se debe a dos razones:

O no te dice la verdad … o nunca han sacado el coche del garaje.

Lo lógico cuando conduces es que tengas algún incidente, un roce tu solo en el garaje o contra otro vehículo, lógica y afortunadamente no son incidentes graves, pero hasta el buen conductor tiene accidentes, aunque en muchas ocasiones no son culpa suya (generalmente decimos que han sido del otro).

La otra opción es que no saques el coche del garaje, evidentemente nunca tendrás accidentes de circulación, pero has hecho una inversión horrible comprando el coche.

En las finanzas ocurre algo parecido con la aversión al riesgo: puedes tener un historial impecable… pero una rentabilidad inexistente.

Un pequeño “roce” en una operación se puede gestionar. Pero una oportunidad perdida por miedo es, sencillamente, un mal negocio. Porque al final, tanto en el sector financiero como en la carretera, la única forma de llegar al destino es arrancar el motor y entender que el riesgo no está para evitarlo, sino para aprender a conducirlo.

 

El Equipo StockCrowd IN

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